09 Febrero - 2018

Y dele con el tal RAP, Región Administrativa del Pacífico

Alardea sobre este asunto el exdirector de Planeación de Armenia, Eddie Polanía Rivera, pero olvida que hace 53 años nos tuvimos que separar del Viejo Caldas porque el centralismo en Manizales no dejaba progresar esta región, igual actitud tomó nuestro vecino departamento Risaralda, un año después le dio la pataita de la buena suerte a los dómines caldenses, pero el único que sigue rezado de estos tres nuevos departamento del eje cafetero es el Quindío, fue peor la medicina que la enfermedad.

Un RAP con la venta que nos lleva Caldas y Risaralda
 
No compartimos desde estas páginas el pensamiento de Eddie Polanía Rivera porque una vez mpas nos darán en la cabeza a los quindianos, tenemos unas falencias originadas por su propia clase dirigente, compuesta por el sector el sector público, privado y la academia. Cualquier matriz Dofa que se ponga a esos sectores salen con más debilidades qeu fortalezas, viven imbuidos en cizaña, antropofagia, críticas infundadas, sin argumentos y sin peso que correspondan a un desarrollo integral, crecimiento progreso de Armenia y el Quindío. Unirnos a ese RAP siguen raudos Caldas, Risaralda y Valle del Cauca.
 
Valle del Cauca hace rato soltó las amarras, se parece Antioquia y también a la nueva Atántico, con muchos músculos económicos, financieros, sistema multimodal, vías, centros comerciales, educativos, bienes y servicios a la altura de cualquier  país del mundo.
 
Veamos, entonces, qué propone Eddie Polanía?
 
¿Hacia dónde debe transitar la RAP Eje Cafetero?
 
Eje Cafetero y el futuro de sus 3 millones de habitantes.
 
Por Eddie Polanía R.
 
Aun sin haberse creado la RAP Eje Cafetero, hay voces que opinan que los tres departamentos -Caldas, Quindío y Risaralda- deben ―en cambio de asociarse solos― adscribirse a la Región Administrativa del Pacífico. Quienes así piensan esgrimen un conjunto de razones de tipo histórico, económico, geopolítico, cultural, etc., que, a no dudar, contribuirán a dinamizar este debate en el que la sociedad civil, la academia y los gremios de la producción están llamados a participar, pues ni más ni menos se trata ―a juicio de la Loot― de un proceso de construcción colectiva de país.
 
Así como hace 50 años los líderes cívicos del Quindío y Risaralda esgrimieron las mejores razones para justificar la separación del Departamento de Caldas ―entre las cuales el centralismo de Manizales contaba como una de las principales― hoy, medio siglo después de la secesión, se deben plantear argumentos claros y transparentes para decidir el camino a seguir. Pero, aun así, el asunto no es tan sencillo.
 
Tiene más fondo, pues no se trata solo de un juego de razones, funcionales, políticas, geográficas o económicas. Como que lo que está en juego es el futuro de la región y de sus tres millones de habitantes.
 
En este debate hay un elemento poco conocido que apenas entra en escena. Es un referente trascendental desde el cual debe mirarse la evolución de cualquier RAP, de las ya consolidadas y de las que están en proceso de serlo. Elemento crucial expuesto el 19 de octubre del año pasado, cuando se protocolizó en Barranquilla la creación de la Región Administrativa del Caribe, por parte de los ocho gobernadores, quienes estuvieron de acuerdo en que después de la RAP el siguiente paso es la constitución de la RET -Región entidad Territorial-.
 
¿Por qué es tan importante la RET, como para que las RAP deban poner los ojos en esa figura como punto de llegada obligatorio? Tratemos de explicar: para hacer realidad uno de los principios fundamentales de la Constitución Nacional, el de Colombia como República descentralizada y con autonomía de sus entidades territoriales, -Artículo, 1° CNC-, la ley Orgánica de Ordenamiento Territorial -Loot- creó los llamados esquemas asociativos, con el fin de impulsar el desarrollo autónomo y descentralizado de las regiones.
 
Esto significa que para los maltratados departamentos la RAP es el primer escalón hacia el lejano nirvana de la autonomía y la descentralización, en tanto pueden constituirse en entidades con personería jurídica, autonomía financiera y patrimonio propio. Pero, con una gran limitación: no pueden participar de los recursos del presupuesto general de la Nación, del sistema general de participaciones ni del sistema general de regalías.
 
Por ello, la RAP es una herramienta para romper las amarras del centralismo―dijeron los gobernadores en Barranquilla―. La meta está en la RET ―concluyeron―. Y, en efecto, esta última es una figura -aunque no la óptima- mucho más avanzada, con una estructura más dinámica de descentralización y autonomía, creada por la Constitución Nacional -Artículo 307-, aún no reglamentada, pero en vías de serlo mediante proyecto que ya cursa en el Senado.
 
En la perspectiva legislativa el proyecto RET tiene dos objetivos: revocar las restricciones presupuestales de la RAP, y establecer las condiciones para que las regiones administrativas de planificación se conviertan en Regiones Entidades Territoriales. Entonces, de lo anterior se deriva que tanto la ruta como la aspiración obligada de las RAP ―de la Rape Central, de la Pacífico, de la Caribe y de la del Eje Cafetero― no puede ser otra diferente que continuar en la brega por la descentralización y la autonomía, y, en consecuencia, evolucionar hacia la Región Entidad Territorial. O, por qué no ―en un futuro no muy lejano― hacia otras figuras como las regiones autónomas que se deben ir creando en la ulterior agenda del ordenamiento territorial, pues el desarrollo de las regiones del país no puede seguir dependiendo de las decisiones que se tomen en Bogotá.