11 Febrero - 2018

Quindío y el turismo agresivo

Si apreciamos bien el panorama del Quindío, en cuanto al turismo que se está imponiendo, vemos que ha entrado en una dinámica agresiva para la población nativa, infringiendo daño al medio ambiente, generando destrucción, desaparición del patrimonio y lacras sociales como el comercio sexual de la niñez y juventud.

Córdoba, Quindío en la senda de un turismo de naturaleza y cultura
 
Pocos cafés tradicionales  y construcciones de bahareque quedaron en el municipio cordillerano tras el sismo de 1999.
 
Córdoba, Quindío en la senda de un turismo de naturaleza y cultura
La triada Patrimonio-Cultura-Turismo es y debería ser una relación indisoluble en el campo que nos corresponde tratar para el desarrollo de comunidades que - como las del Quindío - ven en el disfrute del ocio una oportunidad para mejorar sus condiciones colectivas de existencia.
 
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco ha planteado de forma reiterada la necesidad de lograr “una armonización entre rédito económico, naturaleza y cultura”, siendo esto un llamado responsable para  considerar que el turismo que se hace en esta región “puede ser beneficioso para viajeros y países receptores,  únicamente si se atiende a un juego de equilibrios entre todas las partes implicadas: la naturaleza, la población y su cultura, y el propio viajero”.
 
Si apreciamos bien el panorama del Quindío, en cuanto al turismo que se está imponiendo, vemos que ha entrado en una dinámica agresiva para la población nativa, infringiendo daño al medio ambiente, generando destrucción, desaparición del patrimonio y lacras sociales como el comercio sexual de la niñez y juventud.
 
Cada municipio turístico del Quindío, no obstante, presenta una dinámica diferente, y podría todavía adelantar acciones de recuperación de sus fortalezas patrimoniales, para que sea precisamente el sector cultural y su población local quienes marquen la pauta del devenir turístico. 
 
Los casos de Salento y Filandia son graves, pues reflejan un problema planteado por la Sociología del Turismo, en cuanto se presentan al no consultar a las comunidades  sobre el tipo de turismo que se desea. La realidad mostró que en Salento, hace más de 15 años, se impuso un sistema global de mercadeo turístico, con ideas importadas sobre atractivos, y no se tuvo en cuenta el desarrollo endógeno. Hoy vemos en su Calle Real un movimiento cosmopolita y sus tradiciones culturales vernáculas perdidas. Al punto que no se encuentra una sola artesanía local, contra cientos de productos de la universalización mercantil.
 
Filandia copió este modelo, con el agravante de presentar, como en Salento, la destrucción paulatina de sus casas de patrimonio arquitectónico de bahareque para adaptarlas a fines comerciales, lo que hizo desaparecer los detalles de mampostería auténticos y las técnicas constructivas en tapia pisada de los antepasados.
 
Si bien en municipios cordilleranos del Quindío se está tomando nota del pésimo modelo turístico de Salento y Filandia,  donde se pierden irremediablemente las costumbres de antaño y se  desfigura el patrimonio arquitectónico de la colonización, también es cierto que hay mucha tela para cortar en el diseño de rutas culturales o en el trazado de un horizonte que tenga en cuenta la máxima de Unesco que sugiere un principio importante en la proyección de su desarrollo propio:  “la cultura es la savia del turismo”.
 
Córdoba, Quindío es uno de esos poblados que conjuga varias facetas de su patrimonio cultural material e inmaterial, desde su reconocimiento de los valores vernáculos.  La guadua es el símbolo reconocido en este municipio, que se refleja no solo en su patrimonio humano, sino en sus manifestaciones arquitectónicas, artesanales y turísticas, así como en  lo rural.
 
En cuanto respecta a su gente, don Jair Londoño se constituyó en un referente destacado.  Murió en el año 2016, pero su marca artística se representa en el trabajo de réplicas de monumentos religiosos en bambú, que se exhiben en un pequeño espacio llamado “Flor de Café”, lo que ha dejado un recuerdo perenne para la posteridad.
 
Sobre el turismo, aunque incipiente,  se sigue destacando a partir de un espacio llamado el Centro Nacional de la Guadua.  Y en el ámbito del patrimonio natural, se perfila en Córdoba la modalidad de turismo de naturaleza, sobre todo impulsado en un sitio de insondable belleza donde se encuentran varias cascadas.
 
La arquitectura tradicional de Córdoba se afectó bastante por el terremoto, lo que representó la desaparición de muchos inmuebles y la transformación radical de su perímetro urbano, que tiene en gran parte amoblamiento contemporáneo de material.  No obstante, se destacan escasas casas del estilo de la colonización, entre ellas una esquinera en el marco de su plaza principal.
 
Luego de tantas contingencias ellas se conservan y algunos cielo rasos son todavía visibles, permitiendo mostrar esto un detalle que se pierde en otros pueblos del Quindío.  Se trata de la hermosa figuración a la ornamentación de partes superiores de las habitaciones en las casas de bahareque, lo que se realizaba delicadamente con recortes que se  disponían y se fijaban al techo para formar diseños diversos.  Es tal su diversidad, que en ninguna casa se encuentran figuras idénticas.
 
En otra de las esquinas de la plaza de Córdoba se encuentra el café tradicional, con puertas de rejas metálicas forjadas, una característica que se repite en muchos municipios.  Responde al nombre de ‘Aquilino’ y es uno de los pocos que se conservan en el Quindío, donde se encuentran también billares.  Es un espacio de socialización que, en este caso particular, presenta baldosa antigua vistosa, que también muestra diversidad de motivos geométricos.
 
Dos cuadras más arriba de la Casa de la Cultura, que lleva el nombre del escritor Horacio Gómez Aristizábal, una solitaria construcción de guadua se encuentra en una esquina singular pues todavía tiene en sus andenes los grabados antiguos; en este caso una figura única -sin otra similar- que representa un florero.  Detrás de esta supervivencia, se alcanza a apreciar el interior de la única casa de bahareque conservada de una planta.  Su morador, Delio Salgado, me invita a entrar y descubro allí las remembranzas del pasado: más andenes grabados en su patio, materas rústicas con flores, cuadros y vitelas con la marca del tiempo, recuerdos en sus paredes, cocina con fogón de leña y un hombre que rumia sus pensamientos, quien vive allí, en compañía de los objetos que recuerdan a su padre Pantaleón Salgado, a su madre y a sus sobrinos, quienes están lejanos y a veces lo visitan.
 
Una casa campesina de la quindianidad en pleno casco urbano de Córdoba, que se constituye en muestra de la cultura popular del Paisaje Cultural Cafetero en la tierra del bambú y de la guadua.
 
Este texto es uno de los capítulos ampliados del trabajo denominado “Recuperación de la memoria local del Quindío como un insumo para la construcción del componente de identidad y patrimonio del Paisaje Cultural Cafetero”, resultado de la beca de investigación en patrimonio otorgada en 2017 por la Gobernación del Quindío.
 
Roberto Restrepo Ramírez
La crónica y colombiaparatodos.net