10 Marzo - 2017

Quindío podría tener dos o tres senadores

A raíz de la nota editorial de hoy viernes 10 de marzo del periódico La crónica del Quindío y en la que se refiere a un senador para el Quindío que haga más presencia en Bogotá y mayor control político a la corrupción regional, tengo que agregar que aparte de uno podrían ser dos o tres, por ahora veo con certeza dos, que podrían ser la exgobernadora Sandra Paola Hurtado Palacio y la exalcaldesa Luz Piedad Valencia Franco, ambas con fortalezas en las bases, en aquellas personas que en las elecciones del 25 de octubre del año 2105 pusieron más de 103 mil votos para Sandra Milena Gómez Fajardo, candidata de Sandra y del candidato de Luz Piedad Valencia Franco, Carlos Eduardo Osorio Buriticá, 129 mil sufragios.

Las más opcionadas son Luz Piedad Valencia Franco y Sandra Paola Hurtado Palacio
 
Tanto Luz Piedad como Sandra Paola podrían salir electas con menos del 50% de esas votaciones, incluso con 45 mil le alcanza a cada una, desde luego que tienen que hacer su trabajo proselitista en otros departamentos, como sucedió con Amparo Arbeláez Escalante que el empresario Anuar Osvaldo Oyola se empeñó a fondo en siete regiones colombianas donde tiene influencia y logró sumar unos votos para asegurar la curul de Amparo, ahora lo hace en la lista de Cámara del partido Liberal, junto a Luciano Grisales londoño, posiblemente con César Londoño, Óscar Castellanos o por qué no con la presencia del exsecretario de Educación del departamento del Quindío, Álvaro Arias, con excelente aceptación por su capacidad, resultados, que jalarían a Luz Piedad a Senado. 
 
Esta es la nota del periódico La Crónica: Más presencia del Quindío en Bogotá y mayor control político a la corrupción regional.
Este departamento no tiene senador propio desde que lo fue, por votación directa, el economista Javier Ramírez Mejía. Luego llegó al Senado el ingeniero Ricardo Arias Mora, quien había quedado cuatro o cinco puestos por debajo del último elegido en el partido de la U, pero ante el carcelazo de tres senadores por parapolítica y la muerte de uno más, tuvo en suerte de ocupar curul en esa corporación.
 
Mario Londoño murió en ejercicio de su curul, y Amparo Arbeláez fue destituida, es decir, lo fueron por apenas unos meses. Departamentos como el nuestro están en el limbo de la elección de senador, ante la desigualdad en la competición electoral, tras la aprobación desde la Constitución de 1991 de la circunscripción nacional para componer esta corporación. Esa desigualdad es evidente, los cupos en el Senado de la República se llenan con personas de departamentos que tienen una gran cantidad de población, superior a un millón de personas.
 
En el Quindío la votación se dispersa tanto, que los de la casa, los políticos nuestros no alcanzan los votos necesarios para ser elegidos. Por eso, nos parece importante, en la propuesta de reforma política, contemplar la posibilidad de que estos departamentos con pocos habitantes puedan volver a tener, con seguridad, por lo menos un senador. Y que no se haga con la limitación de que solo los departamentos que tengan menos de 500.000 habitantes quedarían por derecho propio con un senador, porque ahí se corre el riesgo de que el Quindío, y otros, que tienen un poco más de esa cifra, vuelvan a quedar sin esa representación.
 
Creemos que la cifra correcta es 1.500.000 habitantes, que esos departamentos con menos de ese número tengan el derecho propio de uno senador, sin perder la posibilidad de lograr otros por la circunscripción nacional. Lo mismo debería pasar con la representación para la Cámara de Representantes, cambiar el componente poblacional y darle la oportunidad a regiones pequeñas, como la nuestra, de tener cuatro o cinco representantes, no tres como ahora, sin necesidad de aumentar el número total de miembros de esta corporación, sino bajándoles a departamentos grandes, como Antioquia, Valle, Bogotá, Cundinamarca y otros.
 
Esta sería una buena forma de descentralización administrativa y política, que tanto se pregona por estos días desde el gobierno nacional, pero que para departamentos tan pequeños como el nuestro se cumple poco. Con una representación de seis o siete congresista, nuestra participación en el gobierno nacional y en el presupuesto general de la nación, sería mucho más importante. Además, la concentración del poder en Armenia y el Quindío disminuiría, pues habría mayor cantidad de personas dispuestas a democratizarlo, por un lado, y también a vigilar el desarrollo de la administración pública, tanto la departamental como las de los municipios.
 
A decir verdad, hoy no somos casi nadie en el ámbito nacional. Con solo tres representantes, además trabajando como islas, el Quindío, se puede afirmar sin equivocaciones, no tiene presencia en Bogotá, en las esferas del poder donde se mueven los grandes proyectos. Por eso, aquí no tenemos un solo proyecto trascendental. El más grande, el embalse en la confluencia de los ríos Navarco y Quindío, está prácticamente olvidado. Y qué decir del control político que los congresistas están obligados a realizarles a departamentos y municipios.
 
Esa es una materia extraña, ajena completamente a quienes hoy nos representan. Ninguno ha dicho algo, ninguno ha investigado, ni una sola palabra se ha escuchado en los últimos 12 años en el Quindío, de boca de los congresistas, sobre el inmenso monstruo de la corrupción en la región. Es bueno, pues, que pensemos en mejorar nuestra representación, para que otras fuerzas, no siempre las mismas, puedan tener presencia en el ámbito nacional y se haga control político efectivo en la región.