09 Enero - 2016

O son ellos o somos nosotros

¡Así como lo lees! El plebiscito que convoque el Gobierno Santos para que los colombianos aprueben el pacto secreto de La Habana pudiera ser la última oportunidad que tenga el país de ir a las urnas para tomar decisiones sobre su destino como sociedad.

Farc Gobierno Santos
 
Foto de Jopo Shikito Rodríguez.
‎Jopo Shikito Rodríguez‎ y el Yo le creo a Uribe "Salvemos a Colombia"
 
De ahí la trascendencia de que los ciudadanos estén atentos y se unan, se organicen, dialoguen, sumen fuerzas, muevan las redes sociales, para evitar un gol histórico, como sería el quedar en manos de una dictadura tipo Venezuela.
 
Tal como hoy se visualizan las cosas por parte del Gobierno con impensables medidas económicas, políticas y jurídicas, el riesgo de un estado de cosas aún más tirano es bastante alto.
 
Contra viento y marea, Juan Manuel y su hermano Enrique Santos Calderón han hecho, hacen y seguirán haciendo hasta lo imposible para que los bandidos del monte gocen de mejores derechos y prerrogativas que el resto de compatriotas. Es este un escenario paradójico y canalla, pero lo estamos viendo en el día a día.
 
¿O acaso qué son las infames concesiones de beneficios tales como la amnistía para crímenes de lesa humanidad, políticas de perdón y olvido, sueldos a los desmovilizados por más de tres salarios mínimos (unos dos millones de pesos mensuales mal contados), entrega de grandes extensiones de tierra productiva —los criminales no van a recibir desiertos ni más selvas—, curules automáticas en el Congreso de la República y libre ejercicio de la política, aún su negativa a entregar las armas?
 
Asombrados por lo que ocurre, organismos de Derechos Humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch's Americas siguen reclamando profundas revisiones a las desvergonzadas concesiones del Gobierno Santos al narcoterrorismo, por considerarlas injustamente violatorias de la normatividad internacional en la materia.
 
Sin embargo, ante el clamor de estas y otras entidades afines, Santos responde con su proverbial desdén y con su sacudida de hombros, como lo ha hecho una vez más este viernes 8 de enero de 2016 en Cartagena, a propósito de los enérgicos cuestionamientos de José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch's Americas.
 
Resulta imposible que el mandatario haga público todo lo que piensa, pero, según le son indiferentes las críticas a su gestión, en el fondo Santos puede perfectamente estar diciendo: “Lo que digan esas entidades y lo que piense el país, ¡me importan un reverendo culo!”.
 
Es absolutamente vejatorio de la dignidad de los colombianos que los favorecimientos a las Farc —que en la práctica implicarán la destinación del presupuesto nacional para el postconflicto— lleven el mensaje perverso de que es mejor tener un prontuario tan criminal como el de los narcoterroristas, que ser un ciudadano de bien.
 
Para completar este panorama tan desconsolador, los recursos para financiar a los bandidos saldrán de nuevos y enormes impuestos: 48 millones de colombianos tendrán que tributar duramente para sostener a cuerpo de reyes a siete mil bandidos, después de 60 años de horror y sangre.