07 Septiembre - 2020

No sé si me duele, más bien diría que me molesta, vivir en un país de ignorantes y analfabetas

(anabecedarios los llamo, y me refiero a quienes han estudiado) y lleno de abogados –esos sí muy versados en excusas para esto y todo lo otro–. No, definitivamente no me duele, me vuela la piedra. Fanáticos marianos y raleas de cristianos que desconocen que la Biblia, cuyo Viejo Testamento es un fabuloso cuento escrito en diferentes épocas e idiomas y el Nuevo da fe de algo cuyos autores (con excepción de dos) no vivieron lo relatado, son solo un ejemplo de los fanatismos ignorantes que campean en el país.

Luto, dolor y miedo, eso deja el fin de semana pasado
 
Por Mauricio Pombo
24 de agosto 2020 , 09:25 p.m.
 
La ignorancia hace posible creer en cualquier estupidez o desmán que provenga del ídolo. Ya la política no se debate en foros públicos, ni siquiera en columnas de opinión elaboradas o en entrevistas equilibradas y con contrapreguntas, lo opuesto al estilo Dávila y Rueda suelta.
 
Una prueba más es que vivimos en una trinocracia, tweetocracy en inglés, gracias a la cual el poder se ejerce con 280 caracteres lanzados cada tantos minutos para dar órdenes, bien sea masacrar o boicotear elecciones, muy al estilo Uribe-Trump, el tándem perfecto de la neodemocracia de la manipulación. Ya los poderosos no necesitan explicar, fundamentar o debatir; basta con sugerir lo que les molesta en el momento de trinar para lograr sus objetivos. Lo que les incomoda es despachado con un trino, y los borregos siguen y aplauden la orden burdamente cifrada.
 
Además, vivimos en el país de los eufemismos. Los asesinatos se denominan ‘falsos positivos’; las masacres, homicidios colectivos; los desplazados, migrantes internos, y la violación, un desahogo sexual; y también de disfemismos: los detenidos se autodenominan secuestrados y esta perla: masacres con criterio social.
 
Estamos viendo en vivo lo inexplicable: un presidente que un día reparte dulces a los niños hambrientos del Chocó; y otro, levantando el puño en señal de victoria y saludando muy sonriente a un pueblo que acaba de sufrir una masacre y que clama por la paz y muestran sus pulgares señalando la tierra.
 
De masacre en masacre con indolentes respuestas en Colombia y risibles reacciones de un presidente que no preside nada, y en EE. UU. de boicot en boicot hasta la supremacía total.
 
Luto, dolor y miedo, eso deja el fin de semana pasado.
 
Mauricio Pombo